Comentarios del Director


Cuando comencé a escribir el guión de Cíclope, sabia el reto al que me tendría que enfrentar. Imaginaba una historia fantástica, entretenida, de las que impactan por su espectacularidad. Los personajes se iban moldeando en mi cabeza a su antojo, prácticamente cobraron vida y comenzaron a guiar el argumento. Tenían que ser perfectos, heroicos, semejantes a los superhéroes de los cómics.
 
El argumento tenía que ser clásico, comprensible: chico, chica, hermanos, amistad, valentía..., pero también buscaba hacer algo diferente, una película en la que pudiese poner a prueba mis conocimientos sobre el 3D y los efectos especiales. 
 
Me parecía muy atractiva una narrativa en la que los diferentes lenguajes audiovisuales se mezclaran, fusionándose el lenguaje de los videojuegos con la estética del cómic, algo así como la introducción de un videojuego donde lo más emocionante está por pasar. Todo ello junto a una sucesión de imágenes espectaculares gracias a las grandes posibilidades estéticas del 3D: una ciudad repleta de grandes carteles  en letras japonesas, enormes pantallas con imágenes en movimiento, neones azules y un sinfín de elementos futuristas y minimalistas. El resultado, un “thriller” policial en un ambiente de ficción con el objetivo de entretener argumentativa y visualmente al espectador.
 
Uno de mis objetivos  fue plantearme como necesidad reunir a un gran grupo de profesionales expertos en el mundo 3D que compartiesen las mismas inquietudes técnicas que tenía yo.
 
Pero sin duda, el reto más grande al que tuve que hacer frente fue mi decisión de rodar
Cíclope enteramente en pantalla verde ya que todos y cada uno de los escenarios que había imaginado tenían que ser reproducidos fielmente en la pantalla para que la historia tuviese el efecto que yo deseaba, esa magia que todo director persigue cuando pone el alma en su proyecto. Esto supuso un problema, teniendo en cuenta que Cíclope se concibió desde sus inicios como un proyecto entre amigos, una producción totalmente independiente, sin apoyos, sin patrocinios, tirando de algunos contactos, pidiendo algunos favores y con un presupuesto limitado. De manera que, con cuatro amigos, en cuatro años y con aproximadamente cuatro mil euros fuimos dando vida a Cíclope trabajando con dos ordenadores desde el salón de mi casa.

Varios fueron los que me animaron a tirar la toalla, otros me pensaron como causa perdida cuando me veían año tras año enseñando los humildes avances de mi proyecto, intentando que alguno de ellos pudiese  ver lo que yo veía, una película entretenida con imágenes impactantes. Muchas puertas se cerraron, pero se abrieron algunas ventanas, gracias a las cuales
Cíclope pudo tomar aire y por fin salir a respirar.
 
Hoy, puedo decir que me siento satisfecho de lo que he logrado con los medios de los que disponía.
Cíclope empezó de la misma manera que se ha acabado, con cuatro amigos y muchas ganas.

Carlos Morett